Enseñanzas

Aula de Literatura José Mª Gabriel y Galán

Javier Pérez Walias

Aula de Literatura J.A. Gabriel y Galán (17/11/2015)

IES “Valle del Jerte” (Plasencia)

Ayer visitó nuestro instituto, el Poeta Javier Pérez Walias (javierperezwalias.com), primer autor que este año pasa por el Aula Literaria “J. Antonio Gabriel y Galán”.

Fue recibido por alumnos de todos los centros que acudieron al Valle del Jerte. Los alumnos de Literatura Universal de este centro (con ayuda de otros voluntarios), ayudados por la profesora de Literatura, Ana Mª Reviriego y los profesores de Dibujo, habían confeccionado unos paneles con los títulos de las obras del autor, y representaban también la visión plástica de algunas de las obras del poeta.

Ana Mª Reviriego hizo primero una presentación de Javier P. Walias, un recorrido por toda su trayectoria poética, cuatro alumnos leyeron tres poemas: El titulado CIUDAD, del poemario Arrojar Piedras y los poemas Jardines del Infierno y Jardines del silencio, que comienzan y concluyen el libro Largueza del Instante. Luego el autor habló del papel de la Poesía y su concepto de la escritura, leyendo diversos poemas. Entre otros La Piedad de Aleppo, haciendo alusión a los atentados recientes de París.

El Poeta se mostró muy contento con las interpretaciones hechas por los alumnos en los paneles y por el trabajo hecho con sus poemas.

 

PRESENTACIÓN DEL POETA

Presentar a un poeta aquí en un ámbito académico, tratando de acercárselo a unos alumnos, para que participen de su visita, es tal vez hacer una lectura fácil para mostrar cómo es, es decir, adecuar la lectura poética al nivel del alumnado y mostrar unos cuantos temas que toca o unas cuantas formas observables en su poesía. Pero también es brindarle al propio poeta invitado, ponerle sobre la mesa una lectura subjetiva, bien hecha, otra que puede o no coincidir del todo con la suya, y en la que se sienta confortado, o –por qué no, interrogado-, desde esa lectura, intentamos combinar las dos.

Al ir leyendo poco a poco sus libros, fuimos haciendo anotaciones, por ejemplo en Impresiones y vértigos del Invierno, nos dimos cuenta que Javier Pérez Walias, para estructurar los poemas acudía a repeticiones: “Incluso en estos días / incluso ahora; llorando otoño / llorando invierno (p.39) y en otro poema dice Nada importa / nada importa / nada importa en tres pequeñas estrofas que estructuran el poema (p.40);

En Ceremonias del barro, aparece la estructuración paralela y repetida en el poema “Bajo las aguas” (p.47): He aquí,  bajo las aguas, el beso prometido, en las arenas del bosque/ he aquí bajo las aguas, el beso prometido como una burbuja de aire/  para terminar reuniendo los dos que le han servido de estructuración: he aquí, bajo las aguas, el beso prometido, como una  burbuja de aire, en las arenas del bosque.

En el poema PAISAJES (p. 51) es la primera vez que repite casi de forma idéntica los cinco últimos versos: suicidaré/en el acantilado último/del invierno/el despertar de la sangre/ y la ceguera. Suicidaré/en el acantilado último/del silencio/el despertar de la sangre/ y la ceguera.

En el libro A este lado oscuro del cauce: Al margen de otras muchas repeticiones o paralelismos, nos quedamos con las exclamaciones: es preciso  descender al lado oscuro para nombrar la luz ¡Oh!, en el segundo poema: ¡Ah! Este pájaro de la dicha. En otro se nos muestra lo cristalino del remanso, del cauce de las aguas, del pez, de la hiedra o el jilguero, su transparencia ¡Oh! La transparencia. No puede ser por menos una expresión interjectiva porque el poeta se muestra ávido de luz para el regreso, es como el regreso de un aprendizaje, de una trayectoria que nadie puede hacer por nosotros y con la que aprenderemos a ver. El otoño, el boscaje, el río, son formas de ver la luz, de hecho la tarde es un lienzo, una acuarela tenue.

En el libro Cazador de Lunas, aparece la ausencia como realidad, normalmente la ausencia es la “no realidad”, y  Pérez Walias la evidencia presentándola al abrirse y llegar y  dejar paso al dolor (en este libro). Y la evidencia como la Nada de la que partió la creación del mundo, cuando el tiempo ni el espacio existían en Largueza del Instante.

El poeta se detiene a mirar: mirar, mira callado el silencio frío de la orilla. También lo hará en la Côte sauvage, sobre las rocas de Quiberon:” Ahora vuelvo la más limpia de las miradas/ hacia las cosas/ y me doy cuenta de que no estoy dispuesto aún para mirarlas con sosiego” y `En la bahía sur´, que es el mismo poema con una ligera variación final.

A estas alturas llegamos a la conclusión de que Pérez Walias empezó repitiendo ciertas palabras en los poemas, se sirvió luego de estructuras paralelas que los encuadraban, un paso más allá fue repetir el final de un poema que pasaba a ser el comienzo de otro y finalmente ahora repetía prácticamente el poema con ligeras variaciones finales, este es el tránsito de repeticiones formales, para pasar a repeticiones significativas: el pájaro, la luz, aprender a ver, que va convirtiendo estas repeticiones en señas de identidad, al lograr intensidad.

En Versos para Olimpia como si presintiera que solo los paralelismos pudieran convertirse en algo mecánico y perdieran su expresividad, no trata ahora de reiterar palabras, ni estructuras morfológicas, sino de hallar un protagonista que enlace los poemas, que sea sujeto él mismo en / y / de los poemas.

En “Oficio y confesión”, Poética que pone al frente de la Antología Otrora, habla de la Poesía como un mecanismo para la confidencia, que nos permite vivir como seres anfibios fuera de las aguas del lenguaje. Es decir, salgo de mí a través del lenguaje y me muestro como soy por dentro, pero al hacerlo, las palabras dueñas ellas mismas  de su propio mundo –el de las ideas, el de los conceptos-, me ofrecen, me añaden más vida, me dan aire, me prestan su universo. Dentro de mí respiro con pequeñas branquias, soy un mundo reducido, si salgo al aire de las palabras respiro con pulmones que se ensanchan a base de aire significativo, de aire musical o rítmico, esas palabras hechas poemas a base de aire nuevo, porque las palabras y su sintaxis, dan al poeta sorpresas, encuentros que en su mundo íntimo no había calculado.

Y este ser anfibio, más que un animal ambiguo, es un animal de fondo, un animal alado de dos naturalezas: ser emocional + ser lingüístico.

Es lo que va a desarrollar en el libro LARGUEZA DEL INSTANTE, que comienza con un poema titulado JARDINES DEL INFIERNO y lo concluye con prácticamente el mismo poema con ligeras variaciones titulado JARDINES DEL SILENCIO, he ahí un círculo y un ciclo completo, la marca propia, el sello, que andábamos buscando para la Poesía de Javier Pérez Walias: explicarse a través de reiteraciones significativas, hacer círculos significativos en los poemas, en los libros.

En LARGUEZA DEL INSTANTE, se explica el comienzo del Universo, del Universo con mayúscula –todo el cosmos-  y el universo con minúscula, el propio,  o el universo de palabras, el del libro, el de los poemas.

Un universo que deviene de la ausencia (que ya vimos tiene entidad en la poesía de Walias), que procede de ella claro está, y poco a poco va dejando paso a la luz, a los pájaros, a las aguas, al jardín, al murmullo del mundo, al bien y al mal, que se dan la mano –piel con piel- nos dirá el poeta, una trayectoria que se inicia, poniéndose en marcha el mecanismo del TIEMPO, ese traidor que ya no nos abandonará, del cual ya no nos podremos salir, a no ser que seamos tan libérrimos como Juan Ramón y digamos con él: “Los dioses no tuvieron más sustancia que la que tengo yo. No soy presente solo, sino fuga raudal de cabo a fin”

El poema inicial Jardines del Infierno, representa el inicio de una andadura, la del universo, la de nuestra vida, la del relato del libro; el último, Jardines del silencio, representa la andadura cumplida, abarcada, por tanto salimos al silencio, a la quietud, como si el universo volviera a la ausencia, como si nuestra vida regresara a la ausencia, como si las palabras del libro enmudecieran para sembrar una incertidumbre.

La parte primera, donde el Universo cobra su existencia, hemos querido representarla en los paneles con los pájaros y los bosques y su murmullo. La parte del silencio por la luz que refleja el mar, la quietud del Instante.

En medio quedan muchas imágenes oníricas o repentinas que socavan nuestra realidad, la levantan y nos dejan propuestas inquietantes:

“Cada rama en su tabla es un árbol de luz y de silencio/ por el que los recuerdos galopan como el gesto de un caballo/ que implora” (p.30)

“El instante otorga agua de mar al pez herido cuando llora / y al pájaro en su vuelo de aceite” (p.33).

No es preciso entenderlas, no todo se entiende en el universo, aparece aquí también UNA MUJER CON PAÑUELO, trasunto de la mujer con alcuza de D. Alonso que charla con el poeta sobre la mentira, la tristeza y el odio.

También hay caprichos de poeta, es curioso, cómo después de tanta imagen acumulada un poema se detenga a buscarle posibles significados a la palabra “Bornova”, una bailarina, un soldado, una princesa tal vez, un lugar geográfico, un pequeño río, en un bosque junto a un camino.

Dejemos a los alumnos leernos esos poemas que enmarcan este libro, la música pretende hacerse eco de esos ambientes.

Al Qarafa, libro que recoge inscripciones del cementerio del Cairo, reflexiones y  meditaciones sobre ese y otros cementerios dejamos que nos lo lea el poeta.

Las dos antologías que recogen la poesía del autor, tanto la de la editora regional que prologa Serafín Portillo, como la de la Editorial Calambur, Otrora que prologa Eduardo Moga, presentan características del poeta que coinciden con nuestra lectura, nosotros vamos a presentarle a J. Pérez Walias también como poeta interrogante, como hombre que busca, que indaga:

-          Aquel hombre de la mirada antigua (de Versos para Olimpia)

-          El hombre que anda buscando… (de los Días Imposibles)

-          Este hombre que sabe que “lo difícil es hacer preguntas” (De Arrojar Piedras)

-          Un sujeto interrogante que regresa una y otra vez al silencio.

Gracias por venir a estar con nosotros, Javier. Plasencia, 17/11/2015

 

Ana Mª Reviriego.

 

 

 

Alumnos que leyeron los poemas:

Rubén Albalá Manuel

Marina Casco Hernández

Alfonso Nevado Navarro

Daniel Solano Bares

 

 

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